Te ha quedado espectacular. El logotipo es minimalista y elegante, la paleta de colores transmite exactamente la paz (o la energía) que querías, el feed de Instagram parece una obra de arte y el packaging es de esos que da pena tirar a la basura. Tienes, objetivamente, una marca bonita.
Pero pasan las semanas y los carritos siguen vacíos, los "me gusta" no se transforman en ventas y las visitas a la web son de tus amigos y familiares.

